Los llanos Del mismo modo que los montes forman las protuberancias de la palma de la mano, los llanos constituyen los huecos o valles englobados por estas protuberancias. Son dos: el llano de Marte y el llano de Neptuno.
El llano de Marte es el hueco que forma el centro de la palma de la mano, un valle que generalmente está atravesado por la mayor parte de las líneas fundamentales y algunas de las secundarias. Su significado se obtiene del tacto y por la configuración de las líneas que lo cruzan.
El tacto nos permite dilucidar si su grosor es escaso y blando o recio y consistente. En el primer caso, la persona posee un carácter débil e inseguro, fuertemente influenciable. En el segundo, el carácter es recio y fuerte como la misma palma, se trata de alguien capaz de hacer valer sus derechos y opiniones.
Las líneas que lo cruzan son significativas también. Si son numerosas, son indicio de irritabilidad; si en esa zona aparece un cuadrado, señala violencia; si aparece una cruz, directamente debajo del monte de Saturno (el dedo medio), inclinación a la mística; una estrella señala dulzura de carácter y posibilidades de ser desgraciado a causa de los demás.
El llano de Neptuno se halla inmediatamente debajo del anterior, casi junto a la muñeca, de limitado entre los montes de Venus y de la Luna. Su importancia es escasa, a menos que esté cruzado por numerosas líneas regulares y se muestre recio a la presión, en cuyo caso señala a una persona persuasiva y de ideas firmes, capaz de convencer a los demás.
Las líneas
Y llegamos a las líneas. Este es el eje central de toda la quiromancia, o al menos su elemento más popular. Decir «leer la mano» es sobreentender inmediatamente «leer las líneas de la mano». Sin embargo, un buen quirólogo acudirá a ellas sólo al final, después de haber examinado todos los demás elementos vistos hasta aquí, que son los que le permitirán hacerse una idea clara de la persona que tiene delante antes de iniciar su lectura. Luego, las líneas de la mano acabarán de perfilar esta lectura, proporcionando un cuadro completo.
Antiguamente se creía que las líneas de la mano eran la huella remanente de las anteriores reencarnaciones del individuo. Teorías más modernas (y más científicas) apuntan que las líneas de la mano son el resultado de la actividad cerebral de cada individuo, transmitida por el sistema nervioso, y que por lo tanto engloban en ellas todas las características de nuestro ser. Algunas teorías distinguen las líneas de las manos en dos grupos: las genéticas y las ambientales. Las primeras son aquellas que aparecen ya al nacer, y que son siempre las tres calificadas como fundamentales, aunque en ocasiones pueden añadirse otras. Las líneas ambientales son aquellas que van apareciendo a lo largo del transcurso de nuestra vida, y que son resultado de nuestro propio devenir. Algunas aparecen y quedan fijas en nuestras manos, otras aparecen y desaparecen según nuestro estado emocional del momento. En consecuencia, pues, podemos subdividir las líneas de nuestra mano en dos grandes grupos: las fundamentales y las secundarias. Las fundamentales son tres, y corresponden las tres a líneas genéticas: son la de la vida, la de la cabeza y la del corazón. Merecen un examen pormenorizado.
La línea de la vida
Es la línea más importante de nuestra mano, y por supuesto la más conocida. Forma una gran curva que arranca entre el pulgar y el índice, descendiendo hacia la muñeca, delimitando con su trazo el monte de Venus. La línea de la vida ideal es aquella que se inicia debajo mismo del monte de Júpiter (el dedo índice) y traza una curva amplia y elegante hasta el centro mismo de la mano, descendiendo luego hasta el borde de la muñeca, donde se confunde con el arranque de las líneas que marcan esta (rascetas). Debe trazar su camino sin ninguna interrupción, sin verse cortada por otras líneas, y ser poco profunda y de un color rosado ligeramente más intenso que el resto de la mano.

Una persona que ostente una línea de la vida de estas características puras es completamente sana, equilibrada, vital. Pero, por supuesto, estos casos son raros. La línea de la vida es la línea de la mano que ofrece más variaciones, y por lo tanto la más importante para el estudio quiromántico.
La primera variación aparece ya en su mismo punto de arranque. Si se inicia en el centro mismo del espacio existente entre el índice y el pulgar, refleja a una persona equilibrada pero susceptible de dejarse influenciar por los demás. Si su arranque se halla más arriba, cerca del monte de Júpiter, corresponde a una personalidad fuerte, a menudo ambiciosa. Si en cambio se halla más abajo, cerca del monte de Venus, refleja una personalidad introvertida, proclive al aislamiento.
Su final es otro indicio importante. Cuando rodea totalmente el monte de Venus, marcando sus limites hasta la primera rasceta de la muñeca, evidencia a una persona hogareña; si en cambio termina en el centro mismo de la palma, indica a una persona amante de los viajes y las aventuras. Cuando, cerca de su final, se ramifica en las dos direcciones, señala un intermedio entre los dos caracteres: la persona ama los viajes, pero la añoranza de su hogar se deja sentir pronto cuando está lejos de casa.
El recorrido en sí de la línea de la vida es lo que presenta más variaciones. Cuando es regular e ininterrumpida, nos hallamos ante una persona objetiva, capaz de evaluar serenamente todos los acontecimientos. Si además está profundamente marcada, con un color rosa intenso, su carácter es más bien agresivo, incluso violento. Si es larga, fina y poco marcada, evidencia una gran sensibilidad nerviosa, que puede traducirse en un frecuente stress. Si aparece interrumpida por una fractura clara e inconfundible (este rasgo aparece ya en el nacimiento), señala un peligro grave para la vida, ya sea por enfermedad o por accidente; el lugar dentro de la línea donde se produzca la interrupción indica la datación del suceso; sin embargo, si la fractura se halla rodeada por un cuadrado o un rectángulo, la enfermedad o el accidente, aunque grave, no será fatal.
Cuando la línea de la vida se halla cruzada por barras transversales, ya sea una o varias, señala momentos de ansiedad, preocupación o inseguridad; si en vez de barras son puntos, indica enfermedades de escasa duración, cuya gravedad queda señalada por las características del punto. Su ubicación a lo largo de la línea mostrará el momento de la vida en que se producirá el percance.
Si el recorrido de la línea de la vida muestra algunos desdoblamientos transitorios (quirománticamente llamados «islas»), éstos reflejan períodos críticos, generalmente enfermedades, incapaces sin embargo de hacer peligrar la vida. Si estos desdoblamientos o islas no son longitudinales, sino transversales, indican dificultades no de salud, sino económicas o familiares; en estos casos hay que tener en cuenta, para una exacta interpretación, su orientación hacia los distintos montes y su situación dentro de la longitud de la línea. Cuando el desdoblamiento es sólo uno, pero muy largo, es evidencia de una prolongada dificultad o de un trauma duradero, que puede llegar a hacerse crónico o afectar la personalidad si se aprecian además barras transversales, sobre todo al final de la isla.
Algunos de los signos que aparecen en el monte de Venus pueden alcanzar la línea de la vida, afectándola. Cuando es un triángulo o una cruz, evidencia un acontecimiento negativo que muchas veces está más allá del control del individuo. Si es un enrejado, significa una disminución de su entusiasmo, de su carga vital, que afectará a distintos elementos de su vida (trabajo, afectos, vida sexual) según el lugar de la línea donde aparezca.
La línea de la vida puede mostrar también ramificaciones: pequeñas líneas, casi capilares, que hay que observar con mucha atención. Señalan problemas o contrariedades a lo largo de la vida. Su situación dentro de la línea nos indicará si son los problemas propios de la pubertad (cuando se hallan situados al principio) o de otras épocas de la vida. Su orientación señala sus características especiales.
Otros signos particulares dan nuevos significados a la línea de la vida. Si la línea aparece desdoblada en toda su longitud (sobre todo en las dos manos) indica gran bienestar físico y económico; si en su arranque aparece una cruz, se presentarán dificultades a lo largo de la vida, pero no insuperables; si la cruz aparece al final, la muerte será tranquila y agradable, tras una vida de felicidad.
La línea del corazón
Se halla situada en la parte superior de la palma, inmediatamente por debajo de los montes de Mercurio, Apolo o el Sol, Saturno y, a veces, incluso el de Júpiter.

Refleja los sentimientos de la persona, su emotividad, sus estados de ánimo, sus relaciones afectivas y, por supuesto, sexuales. Médicamente, como su nombre bien indica, esta ligada al corazón. Es una de las líneas fundamentales, pero a veces (aunque raramente) puede estar muy poco señalada, fundirse con la de la cabeza o incluso desaparecer.
Su arranque se halla en el filo de la mano, debajo del monte de Mercurio (el dedo meñique), y se prolonga de forma casi horizontal hasta la zona del monte de Júpiter (el dedo índice). La línea del corazón ideal es aquella que sigue un recorrido en el cual la distancia entre ella y la base de los dedos medio, anular y meñique es idéntica a la longitud de las falangetas de estos dedos, y forma una ligera curva, ininterrumpida y poco pronunciada, en la palma, de un color rosado ligeramente intenso. La persona que cumple estos requisitos es emotivamente equilibrada, de reacciones controladas y apetencias sexuales normales. Este caso, sin embargo, es bastante raro, por lo que adquieren peculiar importancia las diferencias.
La primera de ellas corresponde a su altura. Si la línea del corazón está más cerca de los dedos que lo indicado para la línea ideal, la emotividad se halla exacerbada, mientras que si la distancia es mayor nos hallamos ante una persona de sentimientos «fríos» y controlados.
La segunda se refiere a su recorrido. Puede ser recta, paralela a la línea de la cabeza que se verá a continuación, y más o menos próxima a ella; refleja entonces un temperamento frío y cerebral, pero gracias a lo cual la amistad o el amor, cuando se producen, son excepcionalmente fuertes e intensos. Puede ser también cóncava, inclinada en una curva hacia arriba, hacia los dedos; es el caso más frecuente, y refleja una mayor intensidad emotiva, que será más o menos acentuada según lo pronunciado de la curva. Finalmente puede ser convexa, es decir, formar una curva que se incline progresivamente hacia abajo; en este caso refleja una fuerte atenuación de la emotividad, motivada generalmente por un trauma psíquico o incluso psicofísico, cuya naturaleza quedará reflejada por los demás componentes de la mano.
El tercer elemento reside en su terminación. Así como su inicio en el mismo filo de la mano generalmente sólo puede variar en su altura, como hemos visto, su final puede presentar numerosas variaciones. Puede ser muy larga o muy corta. Puede llegar hasta casi el otro extremo de la mano, más allá del monte de Júpiter (dedo índice); en este caso, si atraviesa el monte de Júpiter, refleja un temperamento posesivo, celoso, muchas veces egoísta de los bienes materiales, aunque no avariento; si pasa por debajo del monte de Júpiter en vez de atravesarlo, el sentido de la posesión y los celos se extienden a todas las personas que le rodean, amigos, socios e incluso conocidos, en un intento de asentar su lugar en la sociedad. Si termina en el monte de Júpiter, el significado cambia completamente, reflejando una afectividad intensa pero equilibrada. Si se detiene entre los montes de Júpiter y Saturno (dedos índice y medio), evidencia a una persona entusiasta, honesta, ideológica y poco práctica, capaz de sacrificarse por los demás. Si el final se localiza bajo el monte de Saturno (dedo medio), refleja una gran inquietud sentimental y una gran incertidumbre a la hora de tomar decisiones, lo que conduce a numerosas decepciones; es un caso muy frecuente. Cuando termina bajo el monte de Apolo o del Sol (dedo anular), caso bastante raro, lo excepcionalmente corto de la línea apunta a una sorprendente pobreza de espíritu y a una incapacidad casi absoluta de establecer relaciones con los demás; este tipo de personas se encierran profundamente en sí mismas, y en muchas ocasiones necesitan atención médica y psiquiátrica.
El cuarto elemento lo constituyen sus ramificaciones. Son el exponente de los intereses, las preferencias y las tendencias de la persona. Estas ramificaciones pueden ser ascendentes o descendentes; las primeras son claramente positivas, mientras que las segundas son negativas.
En las ramificaciones ascendentes, las más comunes son las orientadas hacia el monte de Júpiter (dedo índice): los sentimientos, entonces, se ven teñidos y enturbiados por un espíritu práctico, incluso ambicioso. Si en cambio se orientan hacia el monte de Apolo o el Sol (dedo anular), los sentimientos se ven idealizados. Una orientación hacia el monte de Saturno (dedo medio), indica que la afectividad se ve asaltada por las indecisiones y las dudas, que finalmente pueden ser vencidas con tenacidad. La orientación hacia el monte de Mercurio (dedo meñique), finalmente, exacerba la orientación hacia Júpiter: los sentimientos quedan casi completamente anulados por la materialidad, aunque en ocasiones reflejan también perturbaciones sexuales.
Las ramificaciones descendentes, dirigidas hacia la línea de la cabeza, suelen atemperar la emotividad reflejada por la propia línea, anteponiéndole una racionalidad que la hace disminuir negativamente. Normalmente reflejan fracasos o dificultades, ya sea por separación o muerte de la pareja, o por incapacidad de llevar adelante una relación. En estos casos, sólo la fuerza de voluntad de la persona podrá conseguir superar, en algunas ocasiones, los problemas.
Otras marcas especiales señalan también significados importantes. Si la línea presenta una o varias islas, indica problemas cardíacos que hay que tener en cuenta. Si en cambio esta islas son tan numerosas que la línea forma en realidad una trenza, son reflejo de una profunda inestabilidad emotiva. La aparición de barras no suele señalar más que problemas emotivos transitorios, mientras que si son puntos detectan perturbaciones más intensas o duraderas. Si la línea está cruzada por un entramado, señala trastornos circulatorios. Si se trata de una estrella, pueden producirse daños importantes en el corazón; si es una cruz, el significado es el mismo que el anterior si se halla en la primera mitad de la línea; si se halla en la segunda, refleja la pérdida de un ser querido, ya sea por muerte o por abandono.
La línea de la cabeza
Se halla por encima de la línea de la vida y por debajo de la línea del corazón.

Nace en el centro del espacio entre el índice y el pulgar, y cruza transversalmente la palma hasta el otro extrerno de la mano, donde llega muy raras veces. Su nombre indica claramente su interpretación, relacionada con todo lo relativo al raciocinio: concentración, sugestionabilidad, comprensión, reacción a los estímulos, etc. Su forma ideal la hace partir por encima de la línea de la vida, separada de ella, inmediatamente por debajo del monte de Júpiter (dedo índice). Su recorrido es ligeramente curvado hacia abajo, y termina limpiamente entre el monte de la Luna y el monte de Marte negativo. Una línea de estas características refleja una personalidad excepcionalmente equilibrada a nivel intelectual, comprensible, sensible e inteligente. Pero, por supuesto, como en las líneas anteriores, este caso ideal es muy raro. Lo más frecuente es que se produzcan múltiples e intensas variaciones.
La primera de ellas reside en su propio arranque. Uno de los casos más frecuentes es que las líneas de la cabeza y de la vida tengan un arranque común; esto corresponde a personas fuertemente sensibles y emotivas pero a menudo incapaces de controlarse, por lo que se irritan fácilmente, a veces incluso con violencia, por las cuestiones más nimias. Cuanto más tramo de las dos líneas sea común, además, más indicio es del tiempo que la persona en cuestión ha vivido sometida a la influencia de su ambiente familiar, cosa que ha condicionado su vida, reduciendo e incluso anulando su personalidad.
Si las líneas de la cabeza y de la vida inician su andadura de forma independiente, pero muy juntas, esto refleja una suavización del caso anterior, que se hará más grande cuanto mayor sea la separación, aumentando al mismo tiempo la seguridad en sí mismo y la personalidad. Cuanto más separadas estén las dos líneas, mayor será también el egocentrismo del individuo. Estas características vienen reforzadas o atemperadas según la forma y disposición de las uñas.
Un caso particular, que aunque raro se produce algunas veces, es cuando la línea de la cabeza empieza por debajo de la línea de la vida y cruza esta en un punto determinado de su recorrido. La persona con esta característica se revela como profundamente tímida sin quererlo, en lucha constante contra su propia timidez. Cuando aparece en manos femeninas, revela una lucha por superar su estatus de mujer, adoptando actitudes masculinas en el trabajo e incluso en la familia y en ocasiones tergiversando su propio rol.
El recorrido es el segundo elemento a tener en cuenta. Si la línea es recta, sin una curva pronunciada, aunque no horizontal sino ligeramente apuntando hacia abajo, indica dureza, escasa sensibilidad, realismo exacerbado, predominio de la fría lógica sobre los sentimientos, incluso en el campo sexual. En cambio, si la línea es curva, las anteriores características se ven suavizadas, en mayor medida cuanto más pronunciado sea el arco. Finalmente, si la línea es incierta, es decir no sigue un trazo uniforme sino más o menos ondulado e incluso discontinuo, señala dependencia de las opiniones de los demás y carencia de personalidad propia.
La longitud de la línea de la cabeza es otro dato interesante, y está directamente relacionado con la calidad y la intensidad de la inteligencia. Una línea de la cabeza corta, que no supere el monte de Saturno (dedo medio), es indicio de una inteligencia débil o limitada a unos aspectos muy determinados de su vida o sus intereses. Una línea de la cabeza de longitud media, que llegue hasta el monte de Apolo o el Sol (dedo anular), es el caso más frecuente, y refleja una inteligencia de tipo medio, capaz de comprender los problemas de los demás pero siempre pasándolos por el tamiz de sus propias evaluaciones e intereses; si la línea, además, es recta, señala una aptitud especial para los negocios: el auténtico «tiburón». Una línea de la cabeza larga, finalmente, que rebase el monte de Apolo y llegue incluso hasta el otro borde de la mano, muestra una inteligencia profunda, intuitiva y comprensiva, que tendrá éxito o no en la vida; y esto es importante analizarlo, según lo que reflejen los demás datos de la mano.
La orientación, en la línea de la cabeza, es también un elemento importante de análisis. Independientemente de su mayor o menor curvatura, a la que nos hemos referido antes, hay que tener en cuenta su inclinación. Si la línea de la cabeza sigue un trazado horizontal, la inteligencia de la persona se revela como eminentemente práctica, no brillante, pero si racional. Si se orienta hacia arriba, sin alcanzar la línea del corazón pero acercándose a ella, refleja una mentalidad fría y calculadora, que prescinde por completo de los sentimientos ajenos. En cambio, si se orienta hacia abajo, indica la intromisión de una cierta fantasía en la racionalidad. Si la línea es recta, la razón prevalecerá casi siempre, aunque no podrá ahogar por completo la imaginación; si la línea es curva, el elemento imaginación puede conducir a altas cotas de creatividad, que pueden llegar incluso a la genialidad.
En cuanto a su terminación, la línea de la cabeza ofrece distintas variantes. Cuando termina limpiamente, indica concentración y en muchas ocasiones introversión. Si, por el contrario, se difumina en su extremo, refleja insatisfacciones que afectan la actitud, y que pueden ser tanto laborales como afectivas, o incluso enfermedades o disputas. Cuando la línea del corazón se bifurca en su final, cosa bastante frecuente, señala a personas de inteligencia no muy profunda pero sí brillante, capaces de ver el mundo tal como es o como ellos desean. Si esta bifurcación es muy amplia, el sentido anterior se invierte; la fantasía domina, y la necesidad de ver el mundo tal como uno desea impide verlo tal como es, creando una irrealidad que conduce a la confusión.
Otros aspectos de la línea de la cabeza ofrecen nuevos indicios de interpretación. Si es estrecha pero profunda, señala un deseo de conocer nuevas cosas, aunque muchas veces los resultados sean estériles. Si por el contrario es ancha y poco profunda, refleja al gran conversador, al hombre social, pero carente de profundidad intelectual. Una línea delgada, en cambio, indica una enorme sensibilidad y capacidad intelectual. Si esta línea delgada se desdobla, señala poca capacidad de concentración, memoria frágil e incluso inmadurez. Si la línea es discontinua muestra escasa capacidad intelectiva, retraso mental.
La aparición de islas en la línea de la cabeza es síntoma de agotamiento, que puede llegar a ser crónico si la isla es fina y larga. La presencia de puntos señala preocupaciones, que pueden ser pasajeras si los puntos aparecen y desaparecen. Las barras indican lo mismo que los puntos, pero con menor intensidad, a menos que sean muy pronunciadas. Los enrejados son síntoma de falta de concentración.
En algunas ocasiones, poco frecuentes, la línea de la cabeza se funde, totalmente o en parte, no con la línea de la vida sino con la del corazón. En estos casos señala tendencia a la violencia, pero también obcecación hacia un fin determinado, cuya meta hay que alcanzar a toda costa; este fin puede ser material, en cuyo caso no se reparara en medios, ni siquiera la violencia física, pero también puede ser espiritual, en cuyo caso puede llegar a producirse una sublimación.
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